ESTÁTICA DE GATO QUE OBSERVA

Detrás de cada pieza de Ariel Orozco (Sancti Spiritus, Cuba, 1979) hay procesos complejos que terminan por materializarse en obras aparentemente sencillas. Las 15 obras que presenta el artista cubano en Estática de gato que observa comparten el hecho de haber sido alteradas de forma mínima para generar un efecto máximo.
En “Aquiles”, Orozco toma una piedra de mármol y la sumerge en tinta sin dejar que ni sus dedos ni la punta de la roca se tiñan de negro. Un guiño que remite a la protección incompleta que recibió el héroe de Troya y que se convirtió en su fatalidad.
La abstracción y la simplicidad visual se conjugan en esta exposición, donde las dualidades y contrarios generan el discurso. La obra de Ariel evoluciona hacia la búsqueda de espacios contemplativos de creación: momentos de claridad donde el tiempo casi deja de existir y la pieza surge sin demasiado esfuerzo.
Sus obras a muro son como ventanas para asomarse a otra dimensión, ya que los formatos cuadrados que elige hacen enfocar la atención e invitan a observar desde una posición neutral. El espectador es testigo de la mirada del artista que busca lo extraordinario en lo cotidiano.
En “Desnudo”, el fragmento del cuello de una geisha aparece al asomarse por una pequeña apertura del cuadro. En “Oscuridad aumentada”, una lupa empotrada en la pared sugiere lo imposible y lo ilusorio de la percepción al apuntar hacia la negrura en el otro lado del muro.
Ningún concepto ni material destacan sobre otros en el presente de Orozco al permitir que los objetos lo elijan a él y mientras acepta el diálogo que llevará a su transformación. En su actual producción, trabaja con materiales, procesos e ideas que podrían remitir al arte clásico, como el mármol, la tinta, la madera, la mitología, lo contemplativo, la religión.
A simple vista, “Corazón” es sólo un cuadrado de madera, pero la descripción posterior al título informa que la pieza fue extraída del centro de una cruz. La ficha técnica no cuenta, sin embargo, que Orozco emprendió una búsqueda del carpintero de las cruces monumentales que se utilizan para la procesión de Semana Santa en Iztapalapa, y que le pidió realizar una pieza completa para después convertirla en un gesto minimalista.
Orozco elige a conciencia que ciertos aspectos de sus piezas permanezcan ocultos y que reine en el conjunto una simplicidad inquietante. Lo ideal para el artista es que el observador descubra por sí mismo los detalles de cada objeto conforme se aproxima y que imagine su propia historia.

26 de Noviembre de 2015.

Tabasco #216, Colonia Roma, Delegación Cuauhtemoc, Ciudad de México, C.P. 06700.

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