PARAÍSO LÍNEA NEGRA

La pólvora y el rastro que sus cenizas dejan detrás son materiales que esta serie de imágenes ha olvidado después de la combustión. Si en la fotografía es el impacto de la luz sobre los haluros de plata lo que produce la imagen, en esta serie son el efecto del fuego en los granos de pólvora los que producen las formas, de modo que un material explosivo se convierte en el peso simbólico que descarga el sentido.

En este trabajo, el autor parte del comportamiento de algunos grupos indígenas colombianos de la Sierra Nevada, que entre sus pasos buscan seguir a sus ancestros. Estas personas atraviesan largas distancias a pie con la finalidad de restaurar el balance perdido en la naturaleza por la presencia de la milicia, acción que al mismo tiempo procura hacer énfasis en la territorialidad que habitan, un acto poético y político que en conjunto, son el más grande logro para cualquier práctica artística. Los Arhuacos, Koguis y Wiwas llaman a este movimiento la Línea negra.

Siguiendo el ejemplo de los Arhuaco mamos, el artista viajó a través de varias regiones de Colombia donde se habían sentido los rigores de la violencia que aún hoy persiste, por lo cual estos viajes fueron emprendidos durante los últimos acuerdos de paz. Las imágenes que conforman estas series proceden de fotografías tomadas durante la ruta, y han sido alteradas en gran formato mediante el procedimiento de sustitución de pixeles por granos de pólvora, material que impregnado en la superficie del soporte, es quemada posteriormente. La contradicción entre la apariencia bucólica de tintes paradisíacos con el fuego con el que han sido grabados, evoca la paradoja emergente del análisis de la relación entre el paisaje, el ecosistema y la violencia.  Inesperadamente, la presencia de actores armados protegió ciertos nichos ecológicos colombianos del avance del progreso; valles y bosques primarios nos recuerdan a su estado natural de hace siglos. Hoy en día este paisaje ha comenzado a ser alterado por la minería formal e informal. Eventualmente, el proceso de paz cambiará la cara del paisaje para siempre.

 

Tomás Ochoa

January 2017

Bogotá

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